Bitácora de la sesión del miércoles 4 de septiembre
Por Claudia Ivette Fuerte Morales
La sesión comenzó como las demás resolviendo preguntas sobre las clases pasadas. Esta vez fue sobre la autoconciencia y como llegar a ella. Hegel dice que lo primero es el reconocimiento del objeto por el sujeto, donde se constituye el objeto mediante la negación, es decir diciendo lo que no es. Después de separar al objeto, mediante la negación de todos los demás objetos, tenemos que negar al propio objeto, es decir, quitarle los atributos para poder acceder a la esencia del objeto. El sujeto se da cuenta de que él mismo está negando el objeto: llega así a la conciencia de que él lo constituye.
Después de separar al objeto, mediante la negación de todos los demás objetos, tenemos que negar al propio objeto, es decir, quitarle los atributos para poder acceder a la esencia del objeto. Sin embargo, en esta etapa el sujeto se da cuenta que él está formando al objeto mismo, aquí es cuando se cae en la autoconciencia. El sujeto se da cuenta que él está formando al objeto mismo, ya que se reconoce en el objeto a través de la negación de sus atributos. Aquí es cuando surge la autoconciencia.
Cuando una autoconciencia se encuentra con otra autoconciencia, lo que quiere es ser reconocido como un igual ante los demás: el deseo propiamente humano es poseer el deseo del otro. Aquí es cuando se dice que empieza la lucha a muerte para ver cuál autoconciencia domina a la otra, en este enfrentamiento existen 3 escenarios posibles: en el cual los dos mueren y nadie es reconocido; otro es cuando uno de los dos muere, en este caso tampoco se logró el objetivo porque ahora no hay nadie que lo pueda reconocer como vencedor, y el tercer escenario, que es el idóneo, es cuando uno sale victorioso y logra someter al otro para que reconozca su superioridad.
Bitácora del primer semestre del curso de «Problemas filosóficos» en el Colegio de Estudios Latinoamericanos de la UNAM para el período 2012-1. Miércoles 16-18 hrs. (salón 206) y viernes 18-20 hrs. (salón 006)
09.09 Hegel: Señor y siervo
Película: Boxing Helena
El próximo miércoles 14 discutiremos, con base en la dialéctica del señor y el siervo de Hegel, la película de Boxing Helena dirigida por Jennifer Chambers Lynch (EEUU, 1993).
Resumen: Marcuse sobre la Fenomenología
H. Marcuse, Razón y Revolución. Cap. 4 «La Fenomenología del Espirítu»
Resumen de Anaid Mora
Hegel publica la Fenomenología del Espíritu en 1806. En su obra, está presente el sentimiento de un nuevo comienzo en la historia de la humanidad. También da en ella su primer juicio filosófico sobre la historia y sus conclusiones sobre la Revolución Francesa, diciendo que esta no era sino el establecimiento de un nuevo despotismo. Hegel analiza que la Revolución fue un desarrollo necesario, que culminó con la emancipación del individuo. El Estado es capaz de dar esta emancipación, a pesar de que no puede dar ni una verdad ni una libertad perfecta. Así, bajo estos dos términos se funda la filosofía del espíritu de Hegel, pero en la Fenomenología, estos dos términos se convierten en actividades del puro espíritu que son compatibles con el Estado.
Sin embargo, en su filosofía el espíritu puede llegar a algo nuevo y aún se encontraba lejos de estar concluido. La vida humana está llena de procesos hacia la verdad, y en este camino, también se encuentran retrocesos. Así la Fenomenología del Espíritu de Hegel, es tan solo una introducción a su pensamiento filosófico.
Hegel comienza por estudiar la autoconciencia. De ahí desarrolla un proceso epistemológico (desde la certidumbre sensible, hasta la razón). Este análisis filosófico salta a un análisis histórico que es esencial para demostrar los conceptos filosóficos básicos.
El conocimiento se cristaliza en la vida humana en una determinada época histórica; en la Revolución Francesa hay un desencadenamiento de una libertad autodestructiva, pues se dejó guiar por intereses subjetivos y aún no encontraba su verdad.
La dialéctica hegeliana muestra la importancia de que las preposiciones aisladas no pueden ser verdaderas. Esta dialéctica altera el sentido y la estructura de la proposición haciéndola muy diferente a la lógica proposicional. En un sentido estricto, la lógica tradicional y el concepto tradicional de la verdad son sacudidos por esta dialéctica que hace una visión de la realidad.
En esos tiempos, prevalecía en Alemania la filosofía idealista, aquella que mostraba cómo el conocimiento se permeaba en la sociedad, al igual que la razón se refugiaba en la cultura. Sin embargo, Hegel, en su Fenomenología menciona que el conocimiento nace a partir de que la filosofía destruye la experiencia de la vida cotidiana.
Con el estudio de la autoconciencia de Hegel, se reanuda el análisis en la relación entre el individuo y su mundo. Es decir el hombre que está abierto a la autoconciencia, está abierto a todos los objetos sensibles que lo rodean. Al estar en esta relación con los objetos, el hombre o individuo, se dará cuenta de que su verdadero deseo no es tener esos objetos, sino la relación misma con otros hombres, es decir a partir de la asociación de individuos. Hegel llega a la conclusión de que la autoconciencia se satisface a partir de otra autoconciencia. El hombre solo puede convertirse en lo que es a partir de otro individuo; sin embargo, esta relación no es armónica, porque la existencia del otro limita la del individuo. Es una lucha de vida y muerte entre desiguales y gracias a esa lucha se puede acceder a la autoconciencia. Esta es la única manera.
Es importante señalar que, según esta exposición, la dependencia del hombre respecto al hombre, no es una condición personal ni mucho menos una condición natural, es decir ya dada en el hombre, sino que está mediada por las cosas, que rodean al hombre. La acción del trabajador no desaparece al aparecer los productos de su trabajo, sino que se preserva en ellos.
Con la relación del señorío y del trabajador o de la servidumbre, Hegel desarrolla cómo se da esta relación y al mismo tiempo señala que para alcanzar la verdad se tiene que reconocer la esencia del otro.
De estos términos de dependencia, nace también otro problema, el de la libertad. Hegel lo aborda con que el pensamiento se dirige a la libertad y la autoconciencia, es la historia de esta libertad en el hombre, ahí descubre un mundo real, lo relaciona con el hombre y se mantiene ahí.
En conclusión, la verdadera transformación comienza con el pensamiento, y este pensamiento absorbe la libertad viviente en cada uno de los individuos. El conocimiento queda por encima de la lucha que terminó en la Revolución Francesa.
Resumen de Anaid Mora
Hegel publica la Fenomenología del Espíritu en 1806. En su obra, está presente el sentimiento de un nuevo comienzo en la historia de la humanidad. También da en ella su primer juicio filosófico sobre la historia y sus conclusiones sobre la Revolución Francesa, diciendo que esta no era sino el establecimiento de un nuevo despotismo. Hegel analiza que la Revolución fue un desarrollo necesario, que culminó con la emancipación del individuo. El Estado es capaz de dar esta emancipación, a pesar de que no puede dar ni una verdad ni una libertad perfecta. Así, bajo estos dos términos se funda la filosofía del espíritu de Hegel, pero en la Fenomenología, estos dos términos se convierten en actividades del puro espíritu que son compatibles con el Estado.
Sin embargo, en su filosofía el espíritu puede llegar a algo nuevo y aún se encontraba lejos de estar concluido. La vida humana está llena de procesos hacia la verdad, y en este camino, también se encuentran retrocesos. Así la Fenomenología del Espíritu de Hegel, es tan solo una introducción a su pensamiento filosófico.
Hegel comienza por estudiar la autoconciencia. De ahí desarrolla un proceso epistemológico (desde la certidumbre sensible, hasta la razón). Este análisis filosófico salta a un análisis histórico que es esencial para demostrar los conceptos filosóficos básicos.
El conocimiento se cristaliza en la vida humana en una determinada época histórica; en la Revolución Francesa hay un desencadenamiento de una libertad autodestructiva, pues se dejó guiar por intereses subjetivos y aún no encontraba su verdad.
La dialéctica hegeliana muestra la importancia de que las preposiciones aisladas no pueden ser verdaderas. Esta dialéctica altera el sentido y la estructura de la proposición haciéndola muy diferente a la lógica proposicional. En un sentido estricto, la lógica tradicional y el concepto tradicional de la verdad son sacudidos por esta dialéctica que hace una visión de la realidad.
En esos tiempos, prevalecía en Alemania la filosofía idealista, aquella que mostraba cómo el conocimiento se permeaba en la sociedad, al igual que la razón se refugiaba en la cultura. Sin embargo, Hegel, en su Fenomenología menciona que el conocimiento nace a partir de que la filosofía destruye la experiencia de la vida cotidiana.
Con el estudio de la autoconciencia de Hegel, se reanuda el análisis en la relación entre el individuo y su mundo. Es decir el hombre que está abierto a la autoconciencia, está abierto a todos los objetos sensibles que lo rodean. Al estar en esta relación con los objetos, el hombre o individuo, se dará cuenta de que su verdadero deseo no es tener esos objetos, sino la relación misma con otros hombres, es decir a partir de la asociación de individuos. Hegel llega a la conclusión de que la autoconciencia se satisface a partir de otra autoconciencia. El hombre solo puede convertirse en lo que es a partir de otro individuo; sin embargo, esta relación no es armónica, porque la existencia del otro limita la del individuo. Es una lucha de vida y muerte entre desiguales y gracias a esa lucha se puede acceder a la autoconciencia. Esta es la única manera.
Es importante señalar que, según esta exposición, la dependencia del hombre respecto al hombre, no es una condición personal ni mucho menos una condición natural, es decir ya dada en el hombre, sino que está mediada por las cosas, que rodean al hombre. La acción del trabajador no desaparece al aparecer los productos de su trabajo, sino que se preserva en ellos.
Con la relación del señorío y del trabajador o de la servidumbre, Hegel desarrolla cómo se da esta relación y al mismo tiempo señala que para alcanzar la verdad se tiene que reconocer la esencia del otro.
De estos términos de dependencia, nace también otro problema, el de la libertad. Hegel lo aborda con que el pensamiento se dirige a la libertad y la autoconciencia, es la historia de esta libertad en el hombre, ahí descubre un mundo real, lo relaciona con el hombre y se mantiene ahí.
En conclusión, la verdadera transformación comienza con el pensamiento, y este pensamiento absorbe la libertad viviente en cada uno de los individuos. El conocimiento queda por encima de la lucha que terminó en la Revolución Francesa.
Resumen: Marcuse, Razón y revolución (III)
H. Marcuse, Razón y Revolución. Cap. 3 «El primer sistema hegeliano»
Resumen de Valeria Molina
En este tercer capítulo de Razón y Revolución, Marcuse esboza el esquema y los conceptos principales del sistema de Jena en el que Hegel presupone una identidad de existencia y pensamiento; la Lógica de Hegel discute las distintas formas del ser y del pensar.
Las cosas no existen en su verdad, dice Hegel, las potencialidades están determinadas por las condiciones en las que las cosas existen: las cosas no alcanzan esta verdad hasta que niegan dichas condiciones determinadas. Las cosas únicamente son lo que no son. La noción es la forma verdadera del objeto. Únicamente el sujeto, es decir, el individuo pensante, es capaz de realizar la noción en su existencia; esto es, las formas de pensamiento que niegan los conceptos tradicionales del ser y revelan que el sujeto es la propia sustancia de la realidad. Todas las cosas finitas son negativas, esta es una característica que las define, explica Hegel. Existen siempre en un estado que no expresa plenamente sus potencialidades como realizadas. La verdadera existencia comienza cuando el estado se reconoce como negativo, los seres o entes se convierten en sujetos —en el sentido antes descrito— y se esfuerzan por adaptar el estado externo a sus potencialidades. Este estado de privación al que el sujeto busca darle remedio tiene, como tal, un carácter positivo; el proceso dialéctico recibe su impulso de la presión por superar dicha negatividad. El movimiento dialéctico queda entonces explicado por un modo de existencia en el que el hombre y las cosas están hechos de relaciones contradictorias, de tal manera que el contenido particular sólo puede darse a través de su opuesto.
Cada cosa debe ser comprendida en relación con otras cosas, esta infinitud de relaciones son para Hegel el primer paso para el conocimiento verdadero de dichas cosas. Hegel divide dos tipos de infinitud: la mala y la real; la mala o espuria es el camino errado hacia la verdad, en éste se hace una acumulación de relaciones esperando encontrar así el fin último; sin embargo, el objeto debe ser comprendido por sí mismo, mediante la relación de él mismo con su opuesto. Un objeto es en sí mismo el conjunto de potencialidades que puede lograr desarrollar, potencialidades innatas en él; un objeto es para sí mismo este conjunto de potencialidades desarrolladas.
La primera lógica hegeliana llama a la unidad original del mundo histórico conciencia, la primera forma que asume esta conciencia es de carácter universal; se representa mediante un grupo de hombres primitivos en donde toda individualidad está enteramente sometida a la comunidad. El mundo de los hombres se desarrolla, como ya vimos, en una serie de integraciones de opuestos. Según Hegel, en el primer estadio, el sujeto y su objeto toman la forma de la conciencia (comunidad) y sus conceptos; en el segundo estadio, aparecen como individuos en conflicto con otros individuos; y en el estadio final aparecen como la nación. El lenguaje es el medio en el que se produce la primera interacción entre sujeto y objeto, también es la primera herramienta de apropiación; el lenguaje es el primer medio de individualización, pues a través de él el individuo adquiere el dominio sobre los objetos que conoce y nombra. Asimismo, el proceso del trabajo resulta en el segundo medio de interacción, éste determina varios tipos de integración y condiciona todas las formas subsiguientes de comunidad que corresponden a estos tipos: la familia, la sociedad civil y el Estado. Por otra parte, la institucionalización de la propiedad privada significa para Hegel que los objetos han sido finalmente incorporados al mundo subjetivo: los objetos no son ya cosas muertas, sino que pertenecen, en su totalidad, a la esfera de la autorrealización del sujeto.
De acuerdo con la teoría política hegeliana esbozada por Marcuse, existe la necesidad de un Estado fuerte y organizado que domine al animal salvaje. Las luchas sociales entre individuos y grupos son mejores cuando se realizan en un nivel más alto del desarrollo histórico, en virtud de los derechos individuales. Las relaciones y actuaciones de una sociedad productora de bienes —como la actual— se vuelven racionales y calculables cuando están regidas por un contrato social, dicho contrato garantiza mis derechos como individuo. “Lo universal es la sustancia del contrato”, dice Hegel, pues no sólo regula las actuaciones del individuo sino del todo; el individuo sabe que puede existir únicamente por la fuerza de la ley, no sólo porque ésta lo protege, sino porque ve en ella el interés común, que en última instancia es la única garantía de su autodesarrollo. Hegel destaca que la «voluntad general» surge únicamente de un largo proceso que culmina en la regulación final de los antagonismos sociales. La voluntad general es el resultado y no el origen del Estado; el Estado se origina a través de «una fuerza externa» que impele a los individuos en contra de su voluntad.
Finalmente Hegel habla de la tiranía y de cómo ha dejado de ser necesaria una vez adquirida la disciplina que ella aporta. Consideraba por ello a la monarquía hereditaria y, particularmente, al Estado cristiano, como la mejor alternativa; este Estado era la encarnación del principio de la libertad cristiana, que proclamaba la libertad de la conciencia interna del hombre y su igualdad ante Dios. Hegel afirmaba que sin esta libertad interna, la libertad externa que la democracia había de instituir y defender no reportaría ningún beneficio. La Reforma alemana representaba para él el punto culminante de la historia, que sobrevino con el pronunciamiento de que el individuo sólo es un ser realmente libre cuando se hace consciente de su inalienable autonomía.
Resumen de Valeria Molina
En este tercer capítulo de Razón y Revolución, Marcuse esboza el esquema y los conceptos principales del sistema de Jena en el que Hegel presupone una identidad de existencia y pensamiento; la Lógica de Hegel discute las distintas formas del ser y del pensar.
| Herbert Marcuse (1898-1879) |
Cada cosa debe ser comprendida en relación con otras cosas, esta infinitud de relaciones son para Hegel el primer paso para el conocimiento verdadero de dichas cosas. Hegel divide dos tipos de infinitud: la mala y la real; la mala o espuria es el camino errado hacia la verdad, en éste se hace una acumulación de relaciones esperando encontrar así el fin último; sin embargo, el objeto debe ser comprendido por sí mismo, mediante la relación de él mismo con su opuesto. Un objeto es en sí mismo el conjunto de potencialidades que puede lograr desarrollar, potencialidades innatas en él; un objeto es para sí mismo este conjunto de potencialidades desarrolladas.
La primera lógica hegeliana llama a la unidad original del mundo histórico conciencia, la primera forma que asume esta conciencia es de carácter universal; se representa mediante un grupo de hombres primitivos en donde toda individualidad está enteramente sometida a la comunidad. El mundo de los hombres se desarrolla, como ya vimos, en una serie de integraciones de opuestos. Según Hegel, en el primer estadio, el sujeto y su objeto toman la forma de la conciencia (comunidad) y sus conceptos; en el segundo estadio, aparecen como individuos en conflicto con otros individuos; y en el estadio final aparecen como la nación. El lenguaje es el medio en el que se produce la primera interacción entre sujeto y objeto, también es la primera herramienta de apropiación; el lenguaje es el primer medio de individualización, pues a través de él el individuo adquiere el dominio sobre los objetos que conoce y nombra. Asimismo, el proceso del trabajo resulta en el segundo medio de interacción, éste determina varios tipos de integración y condiciona todas las formas subsiguientes de comunidad que corresponden a estos tipos: la familia, la sociedad civil y el Estado. Por otra parte, la institucionalización de la propiedad privada significa para Hegel que los objetos han sido finalmente incorporados al mundo subjetivo: los objetos no son ya cosas muertas, sino que pertenecen, en su totalidad, a la esfera de la autorrealización del sujeto.
De acuerdo con la teoría política hegeliana esbozada por Marcuse, existe la necesidad de un Estado fuerte y organizado que domine al animal salvaje. Las luchas sociales entre individuos y grupos son mejores cuando se realizan en un nivel más alto del desarrollo histórico, en virtud de los derechos individuales. Las relaciones y actuaciones de una sociedad productora de bienes —como la actual— se vuelven racionales y calculables cuando están regidas por un contrato social, dicho contrato garantiza mis derechos como individuo. “Lo universal es la sustancia del contrato”, dice Hegel, pues no sólo regula las actuaciones del individuo sino del todo; el individuo sabe que puede existir únicamente por la fuerza de la ley, no sólo porque ésta lo protege, sino porque ve en ella el interés común, que en última instancia es la única garantía de su autodesarrollo. Hegel destaca que la «voluntad general» surge únicamente de un largo proceso que culmina en la regulación final de los antagonismos sociales. La voluntad general es el resultado y no el origen del Estado; el Estado se origina a través de «una fuerza externa» que impele a los individuos en contra de su voluntad.
Finalmente Hegel habla de la tiranía y de cómo ha dejado de ser necesaria una vez adquirida la disciplina que ella aporta. Consideraba por ello a la monarquía hereditaria y, particularmente, al Estado cristiano, como la mejor alternativa; este Estado era la encarnación del principio de la libertad cristiana, que proclamaba la libertad de la conciencia interna del hombre y su igualdad ante Dios. Hegel afirmaba que sin esta libertad interna, la libertad externa que la democracia había de instituir y defender no reportaría ningún beneficio. La Reforma alemana representaba para él el punto culminante de la historia, que sobrevino con el pronunciamiento de que el individuo sólo es un ser realmente libre cuando se hace consciente de su inalienable autonomía.
02.09 Marcuse. Libertad y razón
Bitácora de la sesión del viernes 2 de septiembre del 2011
Por Valeria Molina
Remontándonos a los principios del positivismo, cuyo pilar ideológico se encuentra en el conocimiento científico y en el método y análisis de los hechos verificados empíricamente, recordamos que para Hegel los hechos no existen, entendiendo por hecho una cosa dada, una situación en la que el cambio no es posible. La existencia de los hechos está en función de sus potencialidades a desarrollar, nos dice Hegel, e introduce la diferencia fundamental entre ser para sí y ser en sí. En clase, aclaramos que el ser en sí es el conjunto de las potencialidades máximas que un ser puede alcanzar, todo lo que se puede desarrollar y es innato, llegar a ser lo que siempre fui; en cambio, el ser para sí consiste en la obtención de dichas potencialidades, en el logro de su completo desarrollo. Ejemplificamos con un niño pequeño, nos cuestionamos si un niño es realmente racional: el niño no es racional para sí mismo porque es demasiado pequeño para ser consciente de sus potencialidades, sin embargo, con el tiempo, el niño es perfectamente capaz de desarrollar la razón.
En cuanto a la discusión sobre la libertad, Hegel marca una diferencia entre ser libre y tener libre arbitrio; tener libre arbitrio es, hasta cierto punto, hacer lo que queramos, aquello que nos da placer, que disfrutamos. Sin embargo, de esta manera, nos vemos sometidos a los instintos, dejamos de lado lo que nos distingue de los demás animales: la razón. Lo que nos hace realmente libres es el uso de la razón, conocer nuestras determinaciones, tener conciencia del poder del pensamiento.
La autodeterminación consiste en razonar, en la autoconciencia de la razón. ¿Cómo es que pasamos de la conciencia a la autoconciencia? El primer conocimiento que tenemos, explica Hegel, es el de los sentidos, la experiencia de las cosas que nos rodean. Estoy aquí y ahora sólo cuando distingo que no estoy en ningún otro lado en ningún otro momento; lo que ES, es sólo por oposición a lo que NO ES. El segundo paso, comentamos, es la percepción de lo universal, conocer lo que son las cosas. Tomamos el mismo ejemplo utilizado por Hegel: la mesa, todo aquello que la mesa no es, es la verdadera esencia de la mesa, incluso sus cualidades son negación de la mesa. La mesa es de madera café, únicamente al no ser ni de metal, ni de plástico, ni negra, ni blanca, etc. Este percibir lo que es a partir de lo que no es, es lo que Hegel llama el movimiento dialéctico. La unidad permite la confluencia de todos los NO atributos. El concepto de la mesa se hizo a través del sujeto que lo delimitó, lo que la mesa es no está sólo en ella misma, sino en mí o en el sujeto que la percibe. Hegel agrega que cuando se busca la esencia de algo, de lo que uno se da cuenta al final del recorrido es que la propia conciencia fue el eje director de todo el camino. Somos y tenemos conciencia de ser conciencia, existe una verdad superior al aquí y al ahora y es que YO soy quien construye ese aquí y ese ahora donde me encuentro.
Por Valeria Molina
Remontándonos a los principios del positivismo, cuyo pilar ideológico se encuentra en el conocimiento científico y en el método y análisis de los hechos verificados empíricamente, recordamos que para Hegel los hechos no existen, entendiendo por hecho una cosa dada, una situación en la que el cambio no es posible. La existencia de los hechos está en función de sus potencialidades a desarrollar, nos dice Hegel, e introduce la diferencia fundamental entre ser para sí y ser en sí. En clase, aclaramos que el ser en sí es el conjunto de las potencialidades máximas que un ser puede alcanzar, todo lo que se puede desarrollar y es innato, llegar a ser lo que siempre fui; en cambio, el ser para sí consiste en la obtención de dichas potencialidades, en el logro de su completo desarrollo. Ejemplificamos con un niño pequeño, nos cuestionamos si un niño es realmente racional: el niño no es racional para sí mismo porque es demasiado pequeño para ser consciente de sus potencialidades, sin embargo, con el tiempo, el niño es perfectamente capaz de desarrollar la razón.
En cuanto a la discusión sobre la libertad, Hegel marca una diferencia entre ser libre y tener libre arbitrio; tener libre arbitrio es, hasta cierto punto, hacer lo que queramos, aquello que nos da placer, que disfrutamos. Sin embargo, de esta manera, nos vemos sometidos a los instintos, dejamos de lado lo que nos distingue de los demás animales: la razón. Lo que nos hace realmente libres es el uso de la razón, conocer nuestras determinaciones, tener conciencia del poder del pensamiento.
| G.W.F. Hegel (1770-1831) |
31.08 Marcuse. Razón y revolución
Bitácora de la sesión del 31 de agosto, 2011
Por Elvia Itzel Soriano
La sesión comenzó con las preguntas acerca del texto y después el profesor explicó los diferentes puntos que quería tratar en la clase.: Primero, retomar de la clase anterior la relación entre saber y poder; después, ver el contexto histórico en el cual se encontraba Hegel para poder explicar su concepción acerca de la filosofía. Había quedado la impresión de que el saber solo podía ser usado como un instrumento de manipulación, pero no se veía como un conocimiento el cual permite transformar la realidad.
La Revolución Francesa es el marco histórico en el cual desarrolla Hegel su reflexión teórica. En este periodo se ve un gran cambio puesto que es la organización de un Estado mediante la razón; su objetivo no fue sólo derrocar a un monarca para sustituirlo por otro. Las ideas de la Revolución francesa están presentes en el propio núcleo de los sistemas idealistas y determinan en gran medida su estructura conceptual. Tal como lo vieron los idealistas alemanes, la Revolución Francesa no sólo llegó a abolir el absolutismo feudal, reemplazándolo con el sistema político y económico de la clase media, sino que completa también lo que la Reforma alemana había comenzado, al emancipar al individuo y convertirlo en dueño autosuficiente de su propia vida.
La propuesta de la Revolución Francesa era libertad, igualdad, fraternidad, aunque se pensaba que sólo podría alcanzar la libertad material. En cambio, en Alemania se buscaba una libertad interior es decir, una libertad en la que el sujeto busca lo que es el razonar sin intentar liberarse socialmente.
Esto nos llevo a decir qué es razonar y en sus dos diferencias las cuales son razonar para sí y razonar en sí. El razonar en sí implica sólo una posibilidad, es decir, no ha desarrollado por completo la razón. De ese modo, es dependiente y tampoco ha desplegado su libertad. Razonar para sí significa que se es consciente de la conciencia en sí, en este caso ya no dependemos de otros y podemos tener libertad puesto que la razón es la conciencia del pensamiento. Ppor tanto, se puede decir que podemos modificar o cambiar la realidad.
Por Elvia Itzel Soriano
La sesión comenzó con las preguntas acerca del texto y después el profesor explicó los diferentes puntos que quería tratar en la clase.: Primero, retomar de la clase anterior la relación entre saber y poder; después, ver el contexto histórico en el cual se encontraba Hegel para poder explicar su concepción acerca de la filosofía. Había quedado la impresión de que el saber solo podía ser usado como un instrumento de manipulación, pero no se veía como un conocimiento el cual permite transformar la realidad.
La Revolución Francesa es el marco histórico en el cual desarrolla Hegel su reflexión teórica. En este periodo se ve un gran cambio puesto que es la organización de un Estado mediante la razón; su objetivo no fue sólo derrocar a un monarca para sustituirlo por otro. Las ideas de la Revolución francesa están presentes en el propio núcleo de los sistemas idealistas y determinan en gran medida su estructura conceptual. Tal como lo vieron los idealistas alemanes, la Revolución Francesa no sólo llegó a abolir el absolutismo feudal, reemplazándolo con el sistema político y económico de la clase media, sino que completa también lo que la Reforma alemana había comenzado, al emancipar al individuo y convertirlo en dueño autosuficiente de su propia vida.
La propuesta de la Revolución Francesa era libertad, igualdad, fraternidad, aunque se pensaba que sólo podría alcanzar la libertad material. En cambio, en Alemania se buscaba una libertad interior es decir, una libertad en la que el sujeto busca lo que es el razonar sin intentar liberarse socialmente.
Esto nos llevo a decir qué es razonar y en sus dos diferencias las cuales son razonar para sí y razonar en sí. El razonar en sí implica sólo una posibilidad, es decir, no ha desarrollado por completo la razón. De ese modo, es dependiente y tampoco ha desplegado su libertad. Razonar para sí significa que se es consciente de la conciencia en sí, en este caso ya no dependemos de otros y podemos tener libertad puesto que la razón es la conciencia del pensamiento. Ppor tanto, se puede decir que podemos modificar o cambiar la realidad.
31.08 Marcuse. Razón y revolución
Bitácora de la sesión de 31 de agosto
Por Bárbara López
La Revolución Francesa, un gran cambio político en Europa en el siglo XVIII precedido por la Ilustración (esta un gran influyente en los objetivos revolucionarios), proclamaba principalmente libertad, una libertad que diferenciaba a la Revolución Francesa de las demás al no ser su objeto sólo derrocar una forma de gobierno y sustituirla por otra, sino reconstruir todo un sistema político antes basado en monarquía y feudalismo. Se trataba así de desarrollar toda una sociedad que basara su existencia en el uso de la razón. Este uso de razón que al ser un sujeto en sí mismo solo alcanzaba la interioridad de la libertad y no alcanzaba a desarrollar las potencialidades de ella (es decir materializar la libertad). En palabras de Marcuse «llevar el pensamiento a un plano real», esto es, alcanzando un nivel máximo de razón.
El primer paso para alcanzar el nivel máximo de razón, y en consecuencia conseguir la libertad tanto en el sujeto en sí (libertad no desarrollada o interior) como para sí (libertad desarrollada o materializada), es la conciencia de no necesitar de alguien más para que la conciencia pueda ser consciente de sí misma y en consecuencia pueda razonar plenamente ya que este puede ser el nivel máximo de la razón. Lo anterior llega a ser una contradicción a la epistemología tradicional la cual dice que el objeto debe ser ajeno al sujeto ya que el sujeto no puede vislumbrar el objeto desde dentro. En el caso del ideal de libertad de la revolución francesa o el idealismo alemán de ella la conciencia y la conciencia en sí llegan a ser el objeto y el sujeto, el objeto se conoce a través de los sentidos (no son más que las apariencias) debe ser prioridad del sujeto conocer lo real o el objeto en sí para materializar el pensamiento y ser libre para sí.
Por Bárbara López
La Revolución Francesa, un gran cambio político en Europa en el siglo XVIII precedido por la Ilustración (esta un gran influyente en los objetivos revolucionarios), proclamaba principalmente libertad, una libertad que diferenciaba a la Revolución Francesa de las demás al no ser su objeto sólo derrocar una forma de gobierno y sustituirla por otra, sino reconstruir todo un sistema político antes basado en monarquía y feudalismo. Se trataba así de desarrollar toda una sociedad que basara su existencia en el uso de la razón. Este uso de razón que al ser un sujeto en sí mismo solo alcanzaba la interioridad de la libertad y no alcanzaba a desarrollar las potencialidades de ella (es decir materializar la libertad). En palabras de Marcuse «llevar el pensamiento a un plano real», esto es, alcanzando un nivel máximo de razón.
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