Resumen: Marx y Engels, Ideología alemana, Intr. A

Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, Introducción, apartado A
Resumen de Valeria Molina

El sistema hegeliano se descompone y no hay crítica digna contra él, comienzan diciendo Marx y Engels sobre la filosofía alemana de la época (1842-45). Son la sumisión intelectual ante Hegel y la consecuente inmovilidad ideológica las culpables de su “putrefacción”. No es el mundo de las ideas sino el de los hechos, el de las acciones, el mundo material, el eje conductor de la historia, el factor explicativo absoluto de la existencia de los individuos. Intentarán los autores demostrar cómo la crítica y el cuestionamiento son herramientas insuficientes para la transformación de las situaciones, pues la acción es la única alternativa.

La primera premisa de toda historia humana es, además de la vida misma, la diferencia fundamental entre los hombres y los animales: la producción de los propios medios de vida. Los individuos son en tanto sus condiciones materiales de producción. La satisfacción de esta primera necesidad lleva a la creación de otras más complejas y, por ende, la producción necesita de relaciones humanas para su completo desarrollo; de la multiplicación de la población y del intercambio entre los individuos. Los seres humanos, inevitablemente, contraen entre sí relaciones sociales y políticas determinadas, creando así terreno propicio para el surgimiento de la conciencia.

La conciencia, explican Marx y Engels, es un producto social porquesólo se puede desarrollar una vez que la práctica existente ha sido realizada, esto es, tras actuar sobre lo real, lo indispensable para la subsistencia; es a través de la obtención de lo material que la conciencia se puede emancipar y darse a la creación de teoría. Dicho desarrollo se manifiesta de manera más palpable mediante la división del trabajo, la fragmentación de tareas –en particular, entre el trabajo físico e intelectual–. Esta separación de actividades espirituales y materiales lleva a la distribución desigual del trabajo y sus productos, de la propiedad; la producción y el consumo es asignado a distintos individuos creando así contradicciones al interior de la comunidad. Una de éstas es la oposición que se da entre el interés común y el privado; lo que en realidad sucede, como demuestran Marx y Engels, es la creación de una mutua dependencia entre todos los individuos participantes de la división del trabajo; lo que se dice que sucede, por otra parte, es la creación de una forma independiente, separada de los reales intereses particulares y colectivos, llamada Estado. Pero el Estado, aseguran los autores, en una forma ilusoria bajo la cual se ventilan las luchas reales entre las clases sociales.

El resultado de la fuerza de producción multiplicada aparece para los individuos como un poder ajeno a ellos, algo sobre lo que tienen poco o nulo control, se enajenan; la cooperación, al no ser voluntaria y aparecer como natural –impuesta–, se sitúa al margen de la población. Proponen Marx y Engels el comunismo como una manera de hacer a los hombres dueños de la producción y su intercambio; el comunismo es un movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. La regulación comunista representa la abolición de la actitud en la que los hombres actúan ante sus propios productos como algo extraño, pero sobre todo, representa el cómo, es decir, mediante el derrocamiento del medio social existente, la revolución. La verdadera riqueza espiritual del individuo depende totalmente de la riqueza de sus relaciones reales, no ideales. Los individuos sólo se pueden liberar de forma total al colocarse en contacto práctico con la producción. La revolución comunista permite el control y la dominación consciente de todos los hombres, pues se trata de una cooperación histórico-universal sobre estos poderes.

No se trata de explicar la práctica partiendo de la idea, sino de explicar las formaciones ideológicas sobre la base de la práctica material. Y he aquí la crítica al sistema hegeliano: no todas las formas y productos de la conciencia brotan por obra de la crítica espiritual. La fuerza propulsora de la historia, la religión y la filosofía –toda teoría– no es la crítica, sino la revolución. La concepción de la historia en torno a una serie temporal de pensamientos, de ideas, de asumir que estos absurdos tienen un sentido propio, no sólo es errónea, sino que también es profundamente nacionalista. La historia, explican los autores, es la sucesión de las diferentes generaciones en las que se explotan los materiales, capitales y fuerzas productivas transmitidas por las que han precedido, se trata de explicar las frases teóricas en función de las relaciones reales existentes; no, en cambio, del discurso filosófico sobre la ideología y situación contextual alemanas. La historia queda así reducida a la dominación temporal de las ideas de una élite; las ideas entendidas como la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes; la clase que ejerce el dominio del poder material es, a su vez, quien impone el dominio espiritual, las ideas. 

3 comentarios:

  1. BUEN TRABAJO, ME HA AYUDADO MUCHO! UN SALUDO MUY FUERTE

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  2. Un resumen realmente coherente, que sintetiza en cinco pàrrafos el texto que te lleva 59 paginas leerlo, y usted Valeria lo ha reducido ha està manera. Desde ya me ha sido muy ùtil, como otro texto que encontre, donde relacionando los dos pude armarme un resumen interpretativo y comprensivo del mismo. Saludos Fernanda.S

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  3. muy bueno!! me ayudo mucho a ordenarmis ideas del texto!

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